Creatividad, economía, educación, empresa (síntesis a partir de las ideas de Ken Robinson y Daniel Pink). Contradicciones que deberían hacernos reflexionar.

Si quieres llegar a dar con algo realmente original debes estar preparado para cometer errores: sin embargo, en nuestros sistemas educativos -y en nuestras empresas- lo peor que puedes hacer es cometer un error: los errores están estigmatizados. Y ello hace que nos volvamos menos creativos. Mientras que como niños no tenemos miedo a equivocarnos, según crecemos vamos adquiriendo dicho temor. Con este entorno, lo que estamos consiguiendo es, nada menos, que cercenar nuestra creatividad.


Nuestro sistema educativo se centra en la inteligencia (habilidad) académica, y se olvida de la diversidad de inteligencias existentes (visual, sonora, emocional, espiritual, etc). 


El sistema educativo se enfoca en una única fuente de talento, obviando todas las demás. 


Los sistemas educativos se diseñaron en el siglo XIX para atender los requisitos de una sociedad industrial. 


Pero ya no vivimos en una sociedad industrial, mecanicista, basada en la repetición de tareas para adquirir eficiencia en los procesos productivos, sino que vivimos en una sociedad postindustrial, basada en el conocimiento y las ideas. 


El hombre es un animal de inercias: le cuesta cambiar, le cuesta hacer cambios profundos. Y por tal motivo, seguimos manteniendo el sistema tal y como fue diseñado en el s.XIX. ¡Pero estamos en el siglo XXI! Y en la economía del s.XXI es un tremendo error premiar únicamente la inteligencia académica. 


Hay personas con enorme talento que piensan que no son valiosas, porque su talento, que no pertenece al ámbito de la habilidad académica, no es valorado por el sistema educativo. Las Universidades diseñaron el sistema a su imagen, y han valorado y premiado un único tipo de talento, desechando todos los demás. Y este es un lujo que hoy en día no podemos permitirnos. 


(extractos de la 1ª charla de Ken Robinson en TED -2006-)


Para ver la charla completa: haz click aquí


Otro ejemplo de tremendo error, con origen en las mismas causas, es el sistema de incentivos que impera en nuestras empresas. Los sistemas de incentivos basados en bonus, retribución variable, etc, no sólo no favorecen la consecusión de objetivos en la mayoría de las empresas del siglo XXI, sino que los penalizan. Y a pesar de que está demostrado científicamente la inadecuación de tales sistemas de incentivos, son muy pocas empresas las que renuncian a los sistemas tradicionales de incentivos. De nuevo, la resistencia al cambio es tremenda. 




Aspectos tan profundamente relevantes de nuestra sociedad -como la eduación y los sistemas de incentivos laborales- están, en la actualidad, totalmente desfasados. Las inercias, las resistencias al cambio provocan que mantengamos ideas y estructuras que no son válidas en absoluto para el siglo XXI.


Lo mismo que cuando somos educados en la idea de que la mejor opción para nuestras vidas es trabajar por cuenta ajena (¿cuántas personas que han transformado el mundo trabajaban por cuenta ajena, y cuántas por cuenta propia?). 


Ya no se trata de una cuestión de simple conveniencia, de simples preferencias sociales, de preferencia por la estabilidad y la seguridad. Ahora se trata de la llegada de un nuevo orden, se trata de la realidad de la nueva economía: un nuevo escenario -en el que estamos ya viviendo-, profundamente transformado por una revolución tecnológica que no sabemos dónde va a llevarnos, pero que sí sabemos, va a alterar profundamente el funcionamiento del mercado laboral. Y conceptos como estabilidad y seguridad van a desaparecer, dando paso a los conceptos de creatividad, dinamismo y transformación. 


La creatividad surge de la interacción de diferentes disciplinas. Es orgánica, no lineal.


Como dice Ken Robinson: “Debemos adoptar una nueva concepción de la “ecología humana”: “Nuestro sistema educativo ha explotado nuestras mentes como nosotros lo hacemos con la tierra: buscando un recurso en particular. Y para el futuro esto no nos va a servir. Debemos re-pensar los principios fundamentales bajo los que estamos educando a nuestros hijos. Hay una cita maravillosa de Jonas Salk: "Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en 50 años toda la vida en la Tierra desaparecería. Si todos los seres humanos desaparecieran de la Tierra, en 50 años todas las formas de vida florecerían". Y él tiene razón”.


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